miércoles, 2 de septiembre de 2009

Premio de Autores Reunidos: El dibujante mágico





Ya os he contado que colaboro en el blog de Autores Reunidos. El administrador del blog propone un genero y un tema, y los colaboradores publicamos una narración basada en esa propuesta; puntuamos cada una de ellas y se otroga un premio a las más votadas.

Esta vez el tema era un cuento de género infantil. Nunca lo había intentado, y de hecho, como en otras ocasiones, una vez iniciada la idea no sabía como terminarla. En este caso acabé borrándola, pero estoy en el grupo de los más votados

Muchas gracias a todos los que me votaron, y a mis lectores les animo a visitar el blog de Autores Reunidos para deleitarse con narraciones de muy buena calidad.

Y ahora, os presento el relato de mi colección que ha sido galardonado: El dibujante mágico.



- ¡Niños! –gritó la maestra- ¡Atiéndanme!

Los niños se callaron obedientemente y observaron desde sus pupitres a la joven maestra.

- Vamos a intentar dibujar cada uno de nosotros un globo; como los que vemos en las ferias. El globo más bonito lo pondremos en la pared como parte de un mural que iremos haciendo día a día. ¿Lo habéis entendido?
-¡Siiiiiiii!- contestaron los niños

Juanito dibujó un globo con mucho detalle, se veía el nudo para que no se escapara el gas (porque era de gas, como en la feria) y una cuerdecita para sujetarlo y que no se escapara. Ocupaba todo el papel y decidió que tenía que ser rojo. Cuando terminó de colorearlo sujetó el papel con las dos manos y contempló su dibujo. Ante su asombro, el globo salió flotando del papel y se escapó por la ventana.

Al parecer nadie lo había visto; solo él fue testigo de tan asombroso caso y quedó atónito mirando el globo hasta que desapareció tras unos árboles. En ese momento la maestra le dio unos golpecitos en el hombro.

-Juanito, ¿Dónde está tu globo?- preguntó.
-Voló por la ventana- respondió. El aula se llenó de muchas risas.

La maestra le enganchó de una oreja y casi en volandas lo llevó al rincón.

-Está muy feo que desobedezcas, –dijo- pero está peor que me faltes al respeto. Estate mirando a la pared hasta que termine la clase.

Juanito regresó a casa pensando en el globo y muy arrepentido de contar a la maestra cosas increíbles si uno no las ve. Decidió no contárselo a sus padres y, ya en su habitación, cogió un papel en blanco y se puso a pensar en qué dibujaría ahora. Se tocó la oreja sin querer y recordó el doloroso tirón de la maestra, que por cierto, vivía en la casa de enfrente. Entonces decidió vengarse.

Dibujó un clavo, también con mucho detalle, dejando claro que la punta estaba muy afilada. Cuando terminó sacudió el papel y de allí salió un clavo tintineando mientras rebotaba por el suelo; lo recogió y salió a la calle, buscó el coche de la maestra y colocó el clavo bajo la rueda de forma que se clavara al arrancar.

A la mañana siguiente, como la maestra tardaba en llegar, hubo mucho jaleo en clase, y nadie reparó que Juanito llenaba un folio de puntitos negros, muchos puntitos negros y que sacudió el papel en la silla de la maestra, regresando a su pupitre con el papel en blanco.

Al llegar, la maestra se disculpó por la tardanza y se sentó en la silla muy apurada.

- ¿Os acordáis que vamos a hacer un mural?- dijo.
- ¡Siiiii! – respondieron los niños.
- Vamos a poner el globo que ha dibujado Laura, por ser el más bonito de todos.- dijo la maestra, y se levantó para colocar un globo rosita en un lugar estratégico de la pared. Su falda blanca apareció con una gran mancha negra en la parte de atrás, lo que provocó un ‘¡Halaaaa!’ generalizado en los niños. La propia Laurita informó a la maestra del estado de su falda, y salió del aula ante el regocijo de unos cuantos alumnos.

Unos momentos después entró la directora y los mandó callar. Vio el estado de la silla y se la llevó de nuevo para limpiarla, pero regresó en seguida.

- Mientras vuestra maestra va a casa a cambiarse de ropa, vamos a realizar el siguiente dibujo del mural: un pájaro. Por supuesto, volando. El mejor dibujo se pondrá junto al globo. ¡Vamos!

Juanito pensó que esta vez se notaría mucho su magia, por lo que se esmeró en hacer una bonita paloma. La directora paseaba entre las mesas vigilando lo que dibujaban los niños, por lo que procuró ser limpio y cuidadoso. La paloma quedó perfecta, y para que no escapara, levantó la encimera del pupitre y guardó rápidamente el dibujo en la cajonera, con tan mala suerte que la directora vio su movimiento.

-Juanito, ¿Qué escondes en la cajonera?
- Nada, señora directora. He guardado el dibujo.
- No puedes guardarlo; debes entregármelo.- Y se acercó al pupitre- Abre la cajonera, quiero ver lo que escondes.

Como Juanito no se atreviera, la directora se acercó y la abrió ella. De allí salió revoloteando una blanca paloma ante el susto de todos los presentes, y entre gritos de socorro y sollozos, tras varias vueltas sobre sus cabezas, la paloma salió por la ventana y desapareció en la distancia.

Esta vez Juanito llegó a casa con las dos orejas escocidas y muy coloradas. La directora pensó que llevó la paloma para asustar a toda la clase y tras el tirón de orejas le colocó en el rincón de rodillas. Ahora solo pensaba en como vengarse de la directora, dibujaría un enjambre de abejas y metería el dibujo por debajo de la puerta de su despacho justo después de terminarlo, o culebras venenosas o incluso un perro rabioso….

Pero se observó la mano y vio cómo desaparecía, dejó de sentir las piernas y antes de que pudiera protestar desapareció por completo. Después de todo no era más que un dibujo, un personaje de ficción que fue creado con un don que no sabía utilizar haciendo el bien y harto de los resultados su creador decidió borrarlo.

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