martes, 10 de febrero de 2009

Gracias, Martikka



He tardado unos 35 años en hacer público lo que escribo. He escrito historias y poemas que se han perdido en una papelera, en el fuego o han sido regaladas y vete a saber donde están.

He descubierto tarde la blogosfera, pero nunca es tarde, parece ser, y aquí estoy, recibiendo mi primer premio y comentarios que me incitan a continuar. Gracias a todos; os quiero.

El premio me lo otorga Martikka en su blog junto a otros blogueros de muy alta calidad, por lo que me pone el listón muy alto para mantenerme en este saco de gente autentica; procuraré estar a la altura, aunque por ahora aprendo más de ellos de lo que yo les puedo enseñar.

No olvidaré el primer comentario recibido ("JaJa como se nota que eres nuevo en esto") en un post publicado por error en vez de tenerlo guardadito hasta terminarlo. La razón es que empecé a bloguear a partir del perfil del autor del comentario; y hasta aquí he llegado.

He visto post en que el bloguero cuenta su vida cotidiana o impresiones a partir de una noticia o un hecho acaecido de forma espontanea (como la mierda que pisa Miguel cuando va a una entrevista de trabajo, pero la suerte no le acompaña, por ejemplo) y a través de estos post, voy recibiendo datos sobre el firmante y acabo conociéndoles un poquito más. Yo soy muy malo para eso, aunque lo intentaré.

De todas formas, dicen que un escritor plasma parte de su vida en cada una de sus obras; es decir, toda su obra es autobiográfica. Leyéndola pueden encontrarse datos biográficos y sobre como piensa en multitud de temas. Yo lo creo así. La mayor parte de las veces lo escrito no es más que un soporte para expresar lo que siento, aunque sea un cuento infantil. Como el que escribe poesías, aunque en mi caso cueste un poco cazarlo.

Me he puesto un tope, al igual que Martikka, y cuando cumpla los siete meses de blog comenzaré a daros premios a todos vosotros, mis influyentes compañeros de viaje.

De nuevo quiero daros gracias a todos, sobre todo a Carmen, mi Carmen, mi compañera, por el empeño que pone en que publique mis historias. Sin su empujón, no lo habría hecho.


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